viernes, 8 de febrero de 2013

A un año de la partida del Flaco, su música y su poesía siguen brillando

Luis Alberto Spinetta, considerado uno de los pioneros del rock argentino, fallecía el 8 de febrero de 2012 a causa de un cáncer de pulmón. A un año de la partida del Flaco, su música y su poesía siguen brillando.

Su carrera comenzó con Almendra, en 1967, quienes dos años después editaron su álbum debut homónimo, que incluía una de las canciones más emblemáticas y recordadas, Muchacha ojos de papel.

El poeta del rock lideró además otros grupos como Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade, y Los Socios del Desierto, con quienes trazó una parte importante de la historia de la música argentina. Además de su profusa carrera solista, donde editó más de quince álbumes de estudio.

El 4 de diciembre de 2009, se realizó el histórico concierto Spinetta y las Bandas Eternas, un gigantesco recital en el estadio Vélez Sarsfield de la Ciudad de Buenos Aires con más de cinco horas de duración, en el que repasó toda su carrera acompañado de cada una de las bandas que lideró, además de contar con invitados como Fito Páez, Charly García, Ricardo Mollo, Juanse y Gustavo Cerati.


Luis Alberto Spinetta | www.spinettacual.com.ar

Música y poesía

Para Spinetta, música y poesía estaban íntimamente vinculadas y componían las dos caras de su personalidad. Su proceso creativo partía de la música para dirigirse luego hacía la lírica.

El Flaco tenía una faceta propiamente poética, él mismo había señalado que existen «cuadernos y cuadernos llenos de poesías» escritas por él, de los cuales fue editado en 1978 el libro Guitarras negras.

Inmortal 

 "Mi viejo es música, luz. Su cuerpo no dio más, pero su mente y su alma están brillando, es inmortal" había señalado Dante Spinetta, hijo de Luis Alberto y también músico.

Las cenizas del Flaco fueron esparcidas en el Río de la Plata, a metros del Museo de la Memoria, donde sus fanáticos acuden a dejarle una flor y ver el atardecer junto a él.

A un año de su muerte, cantaron a Spinetta

Al cumplirse un año de su muerte, una veintena de músicos argentinos se reunieron y celebraron su obra en Villa Gesell, con la presencia de destacados artistas de la talla de Lito Vitale, Juan Carlos Baglietto, Gustavo Santaolalla, Miguel Cantilo, David Lebón, Hilda Lizarazu, Pedro Aznar, Lisandro Aristimuño, Fernando Ruiz Díaz y Juanse.

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sábado, 15 de diciembre de 2012

Hormigas

Siento hormigas en la boca
las saboreo
las veo pasear en una fila interminable
creciendo-decreciendo
gravitando

Las siento llegar a mi garganta
transitar mi estómago
nadar en mi apestosa mucosa

Ahora te veo venir
deslizándote bajo mi puerta
tu rostro me hormiguea la conciencia

Inconsciente me arrastro hasta tus pies
deshojo tu sombra
aturdido en mi ansiedad insecticida

Siento tu rostro en mi boca
lo saboreo
lo veo pasear en una fila interminable
formando una colonia de rostros tuyos
insistiendo-reprimiendo
desorbitando

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Y el fin del mundo

Aconteció
               irremediablemente
  -lo advirtieron los mayas-

y de todo
tan solo quedó literatura
apenas lo eterno
            
y revivieron
                                      felices

para siempre

jueves, 27 de septiembre de 2012

Berta Rojas y Paquito D'Rivera: cuando dos maestros se juntan

¿Qué es lo que pasa cuando dos maestros de la música se unen? La respuesta la dieron la guitarrista compatriota Berta Rojas y el saxofonista y clarinetista cubano Paquito D'Rivera en la noche del miércoles en una magistral muestra de talento y calidad interpretativa.

Tras las huellas de Mangoré, es el proyecto en el que se embarcaron hace ya más de un año y que tiene como objetivo recorrer la ruta que Agustín Barrios hiciera años atrás por varios países de Latinoamérica. Pero «el principal objetivo es hacer conocer la música paraguaya» confiesa Berta.

Este dúo, hoy nominado a un Grammy Latino por Mejor álbum instrumental, se inició hace cerca de dos años, cuando Berta se decidió y tomó el teléfono para invitar a Paquito a unirse a la travesía, con la humildad que la caracteriza y el temor de que este rechazara su propuesta. Sin embargo, otra fue la reacción del músico cubano. «¡Hay una guitarrista paraguaya que yo amo que se llama Berta Rojas!» le dijo emocionado Paquito cuando su esposa atendió el teléfono y se lo pasó. «Yo creo que es esa misma» le respondió la esposa; y a partir de ahí, esta sociedad empezaría a trabajar en lo que finalmente acabaría siendo el álbum Día y medio.

El concierto llevado a cabo en el Gran Teatro del Banco Central del Paraguay se inició con Choro da saudade de Agustín Barrios. A medida que avanzaba la noche, quedaba manifiesta la personalidad y se afirmaba el despliegue de los músicos, con la precisión de los acordes de la guitarra y el clarinete y el saxo, que recorrían la sala y transportaban a los lugares que Mangoré imaginara en sus composiciones.

Uno de los momentos más emotivos de la noche, el Preludio en do menor, también de Barrios. Una canción que transmite distintas emociones que se entrecruzan y recrean ese universo mangoreano tan único y cercano a pesar del tiempo y las particularidades del destino. «Este tema es un tributo de Piazzola a Mangoré, a través de Pinchi Cardozo Ocampo» expresó Paquito, comparando a Barrios con el reconocido músico argentino, Astor Piazzola, quienes sin haberse conocido, podían mezclarse a través del aire musical de la obra.
Los excepcionales arreglos de Pinchi Cardozo Ocampo, fueron resaltados más de una vez por ambos artistas, calificándolo como 'maestro de la música'.

www.bertarojas.comEl carisma de Paquito, quien alternaba el clarinete y el saxo en algunas canciones, sumado al encanto de Berta, probablemente en su mejor momento artístico, convertida hace ya tiempo en nuestra embajadora musical; pudo conjugarse con la calidez del público y concluir en una noche fantástica.

La peculiar orquesta H2O de Sonidos de la Tierra, dirigida por el maestro Luis Szarán, fue el broche de oro. Una orquesta de cuerdas, con instrumentos hechos de botellas y bidones de plástico que acompañaron London Karapé y Danza paraguaya, pusieron punto final a la noche.

Lo que Agustín Barrios no pudo presenciar en vida, lo consiguió esa noche a través de estos dos maestros de la música: una ovación de más de cinco minutos en su país en un teatro lleno. Paquito y Berta se encargaron de hacer justicia por mano propia y ubicaron a la música paraguaya, y a las composiciones de Mangoré en particular, en el sitial más alto.

«En un momento en que todo nos divide, la música nos une» señaló muy atinadamente Berta cerca del cierre, dejando en claro que ese lenguaje universal que no precisa de palabras, trasciende no solo fronteras físicas, sino también humanas.

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lunes, 1 de noviembre de 2010

A veces también llueve en primavera

Hay veces que pienso en matarte, pero basta mirar tus fotos para saber que ya estás muerta. Y lo estuviste quizá desde aquella noche, Amelia, eso no importaba, esa noche no importaba, quizá también yo estaba muerto y por eso decidí matarte.

Llueve, hoy es sábado y llueve. Amelia rima con Camelia solía decirte y esperaba a que la lluvia regresara para salir a la calle, caminar a tu lado y pensar que esto era París y mi calle era la rue St. Vincent de Montmartre y esa larga avenida que me llevaba a tu casa la entrañable avenue des Champs-Élysées. Todo era un sueño, querida, nadie podría conocer París y volver.

"Champs Élysées" de Antoine Blanchard
Yo te conocí un día sin lluvia y sin calles hermosas, te conocí sin querer y te quise después. Luego, al darme cuenta, huí. No huí por temor a quererte, querida, eso lo sabías bien. Huí porque no encontré la manera de mirarte sin pensar que estabas conmigo y no lo estabas.

Pero regresé Amelia, regresé a pesar de que te conocí y huí, no fue como París, de donde no se vuelve. Fue más bien como aquella mañana en Madrid, cuando sentí ese enorme frío y sentí que me abrazabas y te escribí.

Fue la misma mañana en que caminaba con el colombiano por la calle del Arenal y nos cruzamos a aquél hombre ciego vendiendo billetes de lotería en la estación Ópera, no era Borges como pensábamos al principio, se trataba del mismo dios. Como si nada y por nada, ese día regresé.

A veces también llueve en primavera y me recuerda tu risa, entonces vuelvo a mirar tus fotos querida, porque sé que te fuiste.

No nos gustaba la primavera, no nos gustaba hasta conocernos y sentarnos juntos y sentirnos. Hasta encender un cigarrillo y fumarlo entre los dos. Todo eso ocurría en primavera mientras la lluvia se hacía esperar y vos estabas conmigo y no lo estabas y yo huía.

El invierno sin embargo, el invierno nos gustaba, Amelia. A mí me encantaba ver las calles sumergidas en un llanto que no era el nuestro, los colores del suelo avivados por la humedad, el cielo gris, tus manos frías y besar tus mejillas tibias. A vos, querida, te gustaba lo que a mí, y más que ninguna cosa: el aroma del café, ¡cuánto adorabas el café!

Pienso en la tarde que paseaba por la calle Estrella y oía que me llamabas y me paralizaba en el semáforo buscando tu voz, parecía que esperaba a que la luz cambiara a verde y así poder avanzar, pero no era así, yo te creía escuchar cada vez que caminaba por la calle Estrella, mientras olía el aroma a café y miraba a lo alto los edificios y compraba revistas y recogía del suelo alguna flor seca.

Asunción ya no me quiere, Amelia. Me ignora, me detesta, y yo me quedé solo, bien solo y detestado.
"Lapacho" de Delia BerdascoHasta ayer soñé contigo, veía tu sonrisa y no te reconocía, estabas tan cambiada, tu rostro no era el mismo. Entonces encontré tus fotos y te recordé.

Me preguntaron si te extrañé cuando te fuiste y no supe qué responder. Al final mentí, de alguna forma supe mentir.

En esta primavera no había caído una sola gota y el lapacho rosa que tanto te gustaba se secó. Nuestra plaza quedó entre rejas, presa de tu sombra y la mía, y ya no puedo sentarme a escribirte cuando te sueño en las noches.

Pero hoy es sábado y llueve. Ayer vi tus fotos y te recordé, cada milímetro te recordé, fue entonces cuando pensé en matarte y supe que ya no estabas.

Ahora paró de llover. París rima contigo y con la lluvia y con mi silencio. Con el lapacho y las camelias, con Madrid y tus abrazos.

Ahora me llaman, me voy, ahora por fin podré gritar tu nombre y verte hasta en la penumbra. Ahora, como ayer cuando vi tus fotos y te extrañé, ahora puedo entender que no valió la pena matarte. Entonces me dejo morir, antes de que la noche caiga y no pueda escribirte, antes de que la lluvia ya no regrese y yo no te extrañe.