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viernes, 15 de septiembre de 2017

She's a rainbow (a girl with kaleidoscope eyes)

Hace unos días la cuenta oficial de Rolling Stones publicó este lyric video de la canción "She's a rainbow" del disco "Their satanic majesties request" de 1967, que este año cumple cincuenta años. El álbum más psicodélico de los Stones, para muchos una respuesta directa al "Sgt. Peppers", publicado sólo unos meses antes. El famoso disco donde hacia el final suena "Pájaro campana" en arpa paraguaya, interpretado según algunos por el arpista de Luis Alberto del Paraná y según otros por el propio Brian Jones (aunque esto no aparece en los créditos del álbum). En fin, “la época de la psicodelia”.
El vídeo es belleza pura, creo que capta la esencia del tema en un collage animado y colorido como visto a través de un caleidoscopio ("a girl with kaleidoscope eyes"). Donde el sonido del mellotron interpretado por Brian Jones, con ese aire a cajita musical, y los arreglos de cuerdas hechos por nada más y nada menos que John Paul Jones, se van mezclando con las imágenes de personajes femeninos que van apareciendo. Muchos coinciden en que es la canción más linda e inusitada hecha por los Stones.
Recuerdo particularmente esta canción ya que fue el tema que tocaron (¡luego de 18 años!) a pedido del público chileno que lo eligió vía internet, en aquel histórico concierto del 3 de febrero del 2016 en el Estadio Nacional de Chile, como parte del América Latina Olé Tour. Fue uno de los momentos más emotivos de aquel concierto, en el mismo lugar donde se vivieron algunos de los episodios más oscuros de la historia chilena -como el propio Jagger mencionaría-, el lugar fuera utilizado como centro de detención y tortura en 1973, ahora resplandecía de colores.
El otro día nomás hablábamos con unos amigos de la literatura sobre el hecho o la imposibilidad de ser fan de los Stones y no de Beatles (¿y viceversa?), aunque esto era algo tan común en la época. Se me ocurre la siguiente cuestión: un escritor latinoamericano (no recuerdo en este momento quién) había dicho en una oportunidad: ¿Hubiese podido existir "Hamlet" de no haber existido Shakespeare? ¿O tuvo que existir Shakespeare para que el "Hamlet" sea escrito? Y él mismo se respondía: “Yo creo que de no haber existido Shakespeare, otro escritor hubiese aparecido y logrado captar la esencia y el espíritu de esa época para plasmarlo en una obra similar". Y así mismo podemos preguntarnos: ¿Hubiese existido el Sgt. Peppers si no hubiesen existido los Beatles? (triste hipótesis). No lo voy a responder, pero creo que se entiende. Por suerte existieron los Beatles y por suerte todavía existen los Stones.

viernes, 3 de enero de 2014

El indomable perro negro (O la redención y el arte por el harte)

«No es reedición, es redención.
Ponte de pie, hombre ilusión».
(Divididos – Amapola del ’66)

Mucho tiempo después frente al pelotón de fusilamiento yo habría de empezar a contar una historia parecida a esta. Donde la necesidad de relatar se convierta en algo vital, y las palabras se muevan y fluyan con tanta agresividad que traigan a la memoria, casi por arrebato, a aquel indomable perro negro de esos sueños recurrentes.
Obra de Joan Miró
Tal vez escribir sea eso. Quedar despierto de madrugada mordido por ese indomable perro. Y escribir de rabia, con dolor. Pero sin temor a nada más, nada peor podría estar por ocurrir.
De repente parece que la imaginación no tiene límites, es cuando uno cree en la existencia de un ser omnisciente y omnipotente, y en ese preciso momento uno cae en cuenta de que uno mismo lo es –ya lo decía Huidobro: “El poeta es un pequeño dios”.
A veces es necesario apagar todas las luces y redescubrir cada movimiento, cada momento. O escuchar esos acordes que inspiran. Sentir lo indescriptible. Añorar.
Y volver a pensar que este mundo absurdo tal vez no sea para nosotros o nosotros tal vez no seamos lo suficientemente absurdos para este mundo.
Como si todos fueran a tener razón y a estar equivocados a la vez. Como si esas anécdotas de la triste y recóndita selva hayan vuelto, eso sí, un poco más resignadas y deforestadas seguramente.
Como esa sensación de volver a empezar pero sin que nunca nada haya empezado ni terminado realmente.
Es como dar dos pasos adelante para dar otros dos hacia atrás. Pero después de todo respirar.

lunes, 19 de julio de 2010

El entierro del poeta

Ayer soñé con catorce versos endecasílabos; esta mañana, trece de ellos —previa protesta por DDHH— se convirtieron en verso libre.

Ayer soñé con ese aroma, esa piel y todavía más. Soñar no cuesta nada, pero cómo cuestan esos sueños de poeta.
"Boulevard des capucines" de Claude-Oscar Monet
Entonces desperté, la mañana avanzó y mi mecanismo automatizado de preguntas sin respuestas se rebuscó en lo hondo de mi universo, buscó a las horas perdidas, partidas, el tiempo pasado y pisado, y todo lo demás regresó a su lugar. Menos yo.

El frío dijo que no, que nadie puede regresar cuando hay alguien que espera.

Puedo escuchar canciones en invierno, escucharlas y sentir calor.

Y duermo —finalmente—, pero antes de ello, soy consciente que una vez dormido me pondré a enumerar las posibles cosas que al día siguiente olvidaré, entonces busco algún rincón, alguna página en blanco en mi memoria donde poder guardarlas.

«Mañana no sabré quién soy» me digo creo que en sueños. Pero mañana es una manera de decirlo —una de las tantas maneras— porque no me refiero al mañana que representa ese futuro lejano, ni el mañana que viene después del hoy, me refiero simplemente al mañana que está ahí cuando uno despierta.

Y mañana quién sabe en qué sueño voy a despertar.

Ahora miro hacia atrás y veo una decena de hombres de traje oscuro siguiéndome, no hay mucho adelante, sólo un frío desierto. Ha parado de llover, la calle calló, un poeta murió.

lunes, 1 de marzo de 2010

Ser o no ser antilopizta (o El día de todos los héroes)

El 1.º de marzo de 1870, una guerra desigual y sangrienta llegaba a su fin, o al comienzo de su fin. Francisco Solano López, presidente y mariscal de guerra del ejército paraguayo moría en Cerro Corá pronunciando su tan famosa frase.

¿«Muero con mi patria» o «Muero por mi patria»?

Obra de Cándido López

Ninguna de las dos. Y aquí lo comparo a Solano López con el personaje de un cuento de Borges, quien antes de morir comprende «que le han permitido el amor, el mando y el triunfo, porque ya lo daban por muerto».

"La paraguaya" obra de Juan Manuel Blanes
En otras palabras, Solano López firmó su sentencia y la de su patria, incluso antes de iniciada la guerra. Por lo tanto, nadie puede morir estando ya muerto.

El 10 de mayo de 1865, Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el Tratado Secreto de la Triple Alianza y se repartieron anticipadamente el territorio paraguayo, el tratado además condenaba al Paraguay a pagar los “gastos de guerra”, de esa guerra fabricada con olor a dinero inglés.

El general argentino Bartolomé Mitre, anunció que en tres meses arrasarían Asunción, sin embargo la guerra duró cinco años.

Cinco años después, el Paraguay estaba devastado, de los 500.000 habitantes quedaban 200.000, en su mayoría mujeres y niños.

El gobierno provisional instaurado declaró a Solano López «Traidor de la patria y enemigo del género humano».


Muchos años después, con “El revisionismo histórico” Solano López fue convertido en héroe.

Ser o no ser antilopizta, esa es la cuestión.

Yo quiero celebrar el Día de Todos los Héroes, de los héroes diarios, de los que batallan cada día.

De los héroes que salvan familias y de las heroínas que dan de comer a cientos de niños cada día.

Porque un héroe no manda al frente de batalla a cientos de niños ni expone a su pueblo al genocidio.

No quería sonar trillado, pero ya lo hice.

domingo, 21 de febrero de 2010

XX


«Y así crecí volando, y volé tan deprisa
que hasta mi propia sombra de vista me perdió (…)
Cada noche me invento, todavía me emborracho;
tan joven y tan viejo, like a rolling stone».
(Joaquin Sabina - Tan joven y tan viejo



Tengo mucho por hacer y demasiado por decir que hasta el tiempo me ha arrancado las palabras.

Tengo hambre de esos sueños tan soñados, muero de sed en las noches.

"Retrato del Doctor Gachet" de Vincent Van Gogh
He empezado a recordar que estoy despierto. Harto de sentarme a esperar —aunque me agrade esperar— aun si ya se me ha hecho costumbre y aparenta sólo un juego.

Perdido en los pesares y perdido en el silencio, me obsesiono en descifrar colores, solo distingo dos, el blanco que se filtra en la mirada y el negro que lo envuelve.

Estoy aburrido de jugar a lo de siempre, de correr detrás del viento, de saber que nadie sigue a nadie.

Siento que tal vez ya es tiempo, pero vuelvo a salir y a llegar a la misma hora maldita. Entonces vuelvo a esperar —creo ya haberlo dicho— me gusta esperar, me parece tan real.

He aprendido a volar —yo que le temo a las alturas—. Es fácil, sólo hace falta tener los ojos bien cerrados y un verdadero pánico a las alturas, el resto es parte del aprendizaje. Caer es parte del aprendizaje.

He descubierto que las alturas en realidad no son sólo las que están bien arriba, esas son confortables. Las alturas que temo son las que uno crea al tomar su camino y se encuentra con aires desconocidos, el vértigo es corriente, la respiración se hace difícil y el ahogo es frecuente.

Entonces vuelvo a ser el de bajo perfil, creo sentirme seguro así.

Como cuando niño vuelvo a inventar oficios con los que me mantenga ocupado y me alejen pensamientos clandestinos.

Y vuelvo a cantar las mismas canciones y a repetir lo dicho, aunque parezca un cuento de esos que ya no escribo, porque ya estoy grande para regresar a casa luego de haber salido o para seguir llorando por haber caído.

Tal vez pasaron veinte años y ni me di por enterado, es que sigo esperanzado en encontrar al tiempo y rescatar de sus garras las palabras omitidas.

Ando más triste y decaído por donde se me mire, más alegre y animado por donde no.

"Dizziness" de Iman Maleki Sigo huyendo de todos y de mí, con más prisa pero siempre lento.

Soy el mismo pero más distante, el mismo pero distinto al de antes.

Creo en lo de siempre, en lo esencial.

Sigo sin poder llorar, sigo sin poder dormir.

Estoy cansado de repetir las mismas cansadas palabras, los mismos contados secretos. Cansado de dejar escapar esos versos, esos ojos, esos besos.

Y si ahora me preguntan qué de nuevo —o de bueno— tengo, les respondo que nada, veinte años no son nada.

lunes, 1 de febrero de 2010

«Ay de ti Haití, pobre de ti»


«Piense en Haití.
Ruegue por Haití».
(Caetano Veloso y Gilberto Gil - O Haití)

—¿Por qué el infortunio se enamora de países con tanta pobreza? —me preguntaban, haciendo referencia a una conocida frase de un escritor compatriota.

Pensar en esa frase es pensar en Paraguay.

Pensar en esa frase es pensar en Paraguay e inmediatamente en Haití.

Haití, conocido en el mundo por ser el país más pobre del continente y por sus malos gobernantes. Con una cultura cargada de elementos mágicos y sobrenaturales y una particular historia llena de huracanes, inundaciones, dictaduras militares y sobre todo infortunio.

Haití fue el primer país de América Latina en independizarse. En 1804, cientos de esclavos negros se alzaron contra la dominación francesa, la opresión y el racismo. Este hecho es considerado un importante precedente para la abolición del sistema de esclavitud y por ello, desde un principio, un ‘mal ejemplo’ para el resto.

Viendo números, Haití tiene una base étnica poblacional de un 95% de habitantes originarios del África subsahariana, donde casi el 80% de la población vive en la pobreza y el 54% en la extrema pobreza. Así también, el 80% de los haitianos mejor instruidos han abandonado el país.

Pero la historia de Haití va un poco más allá de los huracanes, las inundaciones, las dictaduras militares, la emigración, la pobreza y los malos gobernantes.

A partir de su independencia Haití se convirtió en fuente de riqueza para Europa y el mundo, y a cambio, Europa y el mundo le han generado pobreza y miseria.

Así, en el año 2004, "determinando que la situación en Haití constituía una amenaza a la paz y la seguridad en la región", las Naciones Unidas creó la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (Minustah), una ocupación militar disfrazada de ayuda humanitaria.

Hoy, los ojos vuelven a estar puestos en Haití

Un sismo de enorme magnitud ha dejado por los suelos lo poco que permanecía de pie. Y por si aún algo subsistía, una semana después, una fuerte réplica terminó de sepultar la ciudad.

La tierra tembló de horror al ver lo que en ella ocurría.

Si esto es así y la mano del hombre no estuvo presente, como algunos aseguran, ante la evidente intención de algunos estados por experimentar con armas climáticas. 

Actualmente en Haití se vive un clima de guerra e indigencia. El gris polvo se adueñó del cielo de Puerto Príncipe, los improvisados hospitales están abarrotados y en las calles miles de personas esperan esa ayuda que parece no llegar.

Confusión, saqueos, violencia, personas sin distinción de edad prefieren morir arriesgando su vida antes que morir de hambre.

Las cárceles se han derrumbado y están vacías, más de cinco mil presos ahora gozan de esa añorada libertad pero en condiciones nunca imaginadas.

Injusticia, xenofobia, corrupción, impunidad, pobreza, son todas causa y efecto de un mismo conflicto, en una nación que permanece en agonía.

En Haití, hoy gobierna el desgobierno, el desgobierno y los militares norteamericanos, que cada día son más.

Tal vez lo peor ya pasó, tal vez no.

martes, 12 de enero de 2010

La desintegración de la memoria

Ayer por la noche un corte de luz me dejó a oscuras por algunas horas, totalmente a oscuras, no encendí velas, no usé linternas, cada paso que quería dar lo daba de memoria, subía escalones, abría cajones, buscaba libros perdidos y los encontraba. A oscuras recitaba párrafos, y aunque no los leía, los podía sentir.

"Desintegración de la persistencia de la memoria" de Salvador Dalí
Hay veces que olvido lo que quiero recordar. Nombres, instantes, pasiones, canciones, recuerdos...

Otras, recuerdo sólo lo que desearía olvidar. Momentos, razones, personas y olvidos...

Pensándolo bien, prefiero antes que nada, olvidar quien fui y recordar quien voy a ser. Se me hace más sano.

Con los años uno va olvidando más cosas. Y como cada vez hay más por recordar se hace común olvidar. Ya no alcanza prestar cerebros para almacenar datos ni recuerdos, ahora son necesarios discos duros.

A veces olvido contraseñas, números de casas y de los buses que espero. Pero me sorprendo al recordar números de teléfonos de novias del pasado o de documentos que no son míos, recuerdo números de páginas o sueños sin sentido.
"Memoria" de René Magritte
Veo rostros que me parecen conocidos, muy conocidos, pero no los conozco, no sé quiénes son, los saludo con la mirada o los esquivo ágilmente. En el instante en que los veo, más que reconocerlos los olvido.

Tal vez mañana olvidaré ponerme los zapatos, la camisa y me olvidaré de salir vestido, quizá también olvide dónde vivo y el porqué escribo lo que escribo.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Mendicidad (II)

Se llama José, sus pies descalzos están muy sucios, hace días no se baña, hace días no va a su casa.
Se llama Eliana, hace tiempo no ve a sus padres. Vive con sus hermanos en la calle y pide monedas en el semáforo.
"Joven Mendigo" de Bartolomé Esteban Murillo (Óleo sobre lienzo, 1650)Se llama Hernán, tiene siete años, junto a su hermano y su primo viven hace años fuera de casa, limpia vidrios, pide monedas y come gracias a la caridad de las personas que entran y salen de la estación de servicio donde normalmente está ubicado. Los albergues en que suele refugiarse no se abren todos los días.
No los conozco pero los veo y los escucho. Suelo desearles suerte con la mirada.
No acostumbro a darles monedas, por más difícil que me resulte, es mi forma de colaborar con ellos.
«Hay otras formas de ayudar» reza el slogan de la campaña del ente estatal encargado de asistir a los niños en situación de calle.
Campaña de sensibilización (www.lasalle.es)
La campaña busca la sensibilización de las personas para que no sigan dando limosna, sino que se solidaricen apoyando la labor de esta secretaría, de los comedores y albergues infantiles.
Desde hace casi treinta años, la mendicidad se sigue multiplicando cada año y el futuro no parece ser muy distinto.
Depende más de nosotros de lo que podemos pensar.
Hay sólo un paso entre mendigar y robar. Hay sólo un paso más entre dar limosna y ayudar.
Hoy les deseo un futuro diferente y no les doy la moneda que me sobra. Siempre estoy seguro de que podemos hacer algo más.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Tres años (La batalla contra el tiempo)

«Triviales, alegres, soeces, intensos, difusos, torpemente esperanzados,
quebrados, engañosos y sombríos, tuvieron que transcurrir [tres] años
para alcanzar la noche de ayer, en que sorpresivamente…
volví [a soñarlos]…»
(Sergio Pitol – La Pantera)

Tres años es el tiempo que se prolongó la guerra más sangrienta de América en el siglo XX: la Guerra del Chaco. Entre 1932 y 1935, bolivianos y paraguayos pelearon más que nada contra la malaria y la sed. El resultado final fue de 55.000 bolivianos y 40.000 paraguayos muertos y una herida que aún no termina de cicatrizar.

Tres años es lo que duró la Guerra Civil Española, entre 1936 y 1939, finalizando con la victoria del bando nacional con Francisco Franco a la cabeza, quien a partir de ese momento, sumergiría a España en la más oscuras de las dictaduras de la historia.

"La Gran Via" de Antonio López García (Óleo sobre lienzo, 1981)
Tres años también, es el tiempo que tarda en dar frutos una planta de café.

Pero, tres años atrás, una aventura singular comenzó: catorce jóvenes hispanoamericanos se cruzaron en un mismo camino y comenzaron a escribir una historia que todavía no ha sido contada.

Extrañamente, empezaron escribiendo el desenlace de esa historia, de la que posteriormente se hicieron parte.

Tres años atrás, eternizaron sus risas, sus gritos, sus ideas, sus sueños, sus vidas…

Tres años han pasado de haberse enamorado de una ciudad y de que ésta les haya correspondido.

Tres años de haber visto a un Dios ciego en la terminal de metro, vendiendo boletos de lotería y regalando suerte.

Tres años de “Las Meninas”, “El jardín de las delicias”, “Las pinturas negras”, “El enigma sin fin” y “Guernica”.

Tres años también hace desde que me volví adicto a Internet, de que conozco las madrugadas de insomnio y sobre todo, de aprender a confiar más en los sueños y menos en la realidad.

Tres años desde que mi vida tomó un rumbo desconocido y descubrió —sola, mientras mi mente dormía— que el amor a las Letras era un amor verdadero y que la Literatura ya no sería mi amante, sino mi mujer…
"Las Meninas" de Diego Velázquez (Óleo sobre lienzo, 1656)

Tres años es el tiempo que dura el amor según una novela de Frédéric Beigbeder.

Pero esta no es una historia de amor, a pesar de que es amor es lo que hay en ella, esta es una historia de vida y de sueños, una historia que recién está siendo escrita y que ya pide a gritos ser contada.

Tres años, treinta y seis meses, mil noventa y cinco días, veintiséis mil doscientas ochenta horas, un millón quinientos setenta y seis mil minutos, interminables y eternos segundos, ese es el tiempo que ha transcurrido desde allí hasta aquí.

«El flujo atropellado de olvidos y recuerdos, que es el tiempo, anula la voluntad de fijar para siempre una sensación en la memoria», ha escrito al respecto nuestro amigo y mentor mexicano.

El tiempo ha pasado, y yo, inevitablemente, he comenzado a olvidar.

No porque eso quiera, sino porque eso es el tiempo, eso son los años y esa es la batalla nunca la guerra– que gana la distancia.

«Confío, sin embargo, en que algún día volverá la pantera».

viernes, 13 de noviembre de 2009

¡Estoy cansado de que me quieran follar! (O el mito de las banderas blancas)

«Hoy busco paz.
Por eso me estoy volviendo salvaje»
(Charlie Nutela – Salvaje)


Anoche soñé con Dalí. Me dijo algo así como «La única diferencia entre un loco y un hipócrita es que el loco no es hipócrita». No sé a qué venía todo eso. No sé si estaba soñando o sólo viendo la televisión y leyendo los diarios.

Últimamente los grandes medios de comunicación y las más poderosas empresas están muy preocupados por la paz en el país.

Sí, por la paz.

También por la seguridad. No por la mía específicamente, pero dicen que sí y por eso visten e invitan vestir inmaculadas cintas blancas en el pecho.


Es que, cuando alguien en quienes se sienten identificados es víctima de algo, son pacifistas.

Pero, si son ellos los que atacan, son patriotas.

Y si alguno de los otros es atacado -en quienes no se identifican- son trabajadores y no pueden perder el tiempo viéndolos.

Punto.

La única diferencia entre los pacifistas y las personas de paz es que los pacifistas lo son por un interés. La única diferencia entre un salvaje y un pacifista es que el salvaje se convirtió en salvaje luego de que éste lo agredió.

Yo sí quiero un país en donde vivamos en paz. Sueño con eso cada día a pesar de no tener el dinero para tener derecho a soñar con eso.

No uso una cinta blanca en el pecho porque estoy cansado de que me mientan.

Cientos de campesinos han muerto por las más diversas y penosas causas en los últimos años y nadie propuso usar una cinta en el pecho en solidaridad con ellos. Ni por nuestros nativos que viven agonizando, los mismos que en reclamo de lo que les pertenece ocupan una plaza cada dos o tres meses, la misma que ahora será enrejada para impedir que eso vuelva a ocurrir.

Cuanta incoherencia.

«Pelear por la paz, es lo mismo que follar por la castidad» decía una famosa frase, pronunciada no sé por quién.

¡Estoy cansado de que me quieran follar!

Yo no era salvaje antes, lo soy ahora. Y si tengo que tomarme a golpes con un hipócrita con ganas de follarme, lo voy a hacer, no en defensa de mi paz -ni de mi castidad- sino en memoria de los olvidados.
"Algo no enkaja" de Juan Kalvellido
Uno nunca sabe que es la paz después de todo -y mucho menos cuando el presidente de los Estados Unidos es el flamante Premio Nobel-, sólo que no es lo que nos quieren hacer creer que es. 

Hay veces que una bandera blanca simboliza la paz. Hay veces que una bandera blanca simboliza el fin de una guerra. Y hay veces que una bandera blanca es utilizada para esconder algo detrás.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Del Rey Lagarto y otras batallas

"Si las puertas de la percepción se despejaran,
el hombre vería las cosas como son en realidad,
infinitas"
(William Blake)


«Ojala que Jim Morrison nos ayude» solíamos decir tiempo atrás cuando nos veíamos en una situación complicada y los problemas o desafíos eran demasiado grandes como para que los enfrentáramos solos.


"Doors of the Night" de Vladimir Kush
Éramos todavía unos niños, teníamos a lo sumo 15 años. Habíamos dejado de creer en los dioses que todos creían. Habíamos dejado de ser lo que todos querían.

Creíamos más que en nadie, en nosotros y en nuestros ídolos mortales.

Creíamos en ellos porque era a ellos a quienes podíamos ver cada día.

Además de Jim, solíamos pedir ayuda a Bob, a John y algunos otros más. No nos respondían precisamente, pero se hacían escuchar a su manera. Después de todo, era eso lo que nosotros esperábamos de ellos.



Años más tarde, los fuimos olvidando, los fuimos dejando atrás. Nos fuimos olvidando nosotros de nosotros mismos.

Habíamos tomado nuestro camino.

Particularmente, ya no los llamaba cuando más los necesitaba como normalmente hace la gente con su respectivo Dios. Pero sin embargo, les rendía tributo siempre.

Con el tiempo me arrepentí de haber pateado tantas cruces. «Las hubiese ignorado» me dije. Pero claro, era tan sólo un niño, tenía a lo sumo… No sé cuántos años tenía realmente, sólo sé los años que no tenía, sólo sé los años que me faltaban para llegar hasta acá.

"El enigma sin fin" de Salvador Dalí (Óleo sobre lienzo, 1938)
Y ya que ahora estoy, ya que el tiempo es tiempo y los años no son más que eso, me vuelvo a preguntar.

Cuánto en mi vida se hubiese simplificado si lo aceptaba todo tal y como estaba estructurado desde un principio.

Dónde habría llegado, qué hubiese sido, cuánto más de lo que tengo tendría.

Cuánto más o cuánto menos feliz hubiese sido.

Cuánto de mí vida habré perdido por querer encontrar una respuesta diferente a todas y cada una de las preguntas que van apareciendo, o por esa terca costumbre de remar en contra de la corriente.

Pero no sé y no lo voy a saber.

Sé sólo que Jim Morrison no podrá ayudarme, sé que puedo pelear cada batalla con dignidad a pesar de caer vencido, sé que las cosas que quise las sigo queriendo, sé que la tristeza vence a la alegría pero no a la vida.

Sé que la vida no es eterna pero también sé que se siente bien creyéndola así y sé más que nada que lo que no puede ser eterno puede llegar a ser inmortal, como Jim, como Bob, como John.