"Si las puertas de la percepción se despejaran,
el hombre vería las cosas como son en realidad,
infinitas"
(William Blake)
«Ojala que Jim Morrison nos ayude» solíamos decir tiempo atrás cuando nos veíamos en una situación complicada y los problemas o desafíos eran demasiado grandes como para que los enfrentáramos solos.
Éramos todavía unos niños, teníamos a lo sumo 15 años. Habíamos dejado de creer en los dioses que todos creían. Habíamos dejado de ser lo que todos querían.
Creíamos más que en nadie, en nosotros y en nuestros ídolos mortales.
Creíamos en ellos porque era a ellos a quienes podíamos ver cada día.
Además de Jim, solíamos pedir ayuda a Bob, a John y algunos otros más. No nos respondían precisamente, pero se hacían escuchar a su manera. Después de todo, era eso lo que nosotros esperábamos de ellos.
Años más tarde, los fuimos olvidando, los fuimos dejando atrás. Nos fuimos olvidando nosotros de nosotros mismos.
Habíamos tomado nuestro camino.
Particularmente, ya no los llamaba cuando más los necesitaba como normalmente hace la gente con su respectivo Dios. Pero sin embargo, les rendía tributo siempre.
Con el tiempo me arrepentí de haber pateado tantas cruces. «Las hubiese ignorado» me dije. Pero claro, era tan sólo un niño, tenía a lo sumo… No sé cuántos años tenía realmente, sólo sé los años que no tenía, sólo sé los años que me faltaban para llegar hasta acá.
Y ya que ahora estoy, ya que el tiempo es tiempo y los años no son más que eso, me vuelvo a preguntar.
Cuánto en mi vida se hubiese simplificado si lo aceptaba todo tal y como estaba estructurado desde un principio.
Dónde habría llegado, qué hubiese sido, cuánto más de lo que tengo tendría.
Cuánto más o cuánto menos feliz hubiese sido.
Cuánto de mí vida habré perdido por querer encontrar una respuesta diferente a todas y cada una de las preguntas que van apareciendo, o por esa terca costumbre de remar en contra de la corriente.
Pero no sé y no lo voy a saber.
Sé sólo que Jim Morrison no podrá ayudarme, sé que puedo pelear cada batalla con dignidad a pesar de caer vencido, sé que las cosas que quise las sigo queriendo, sé que la tristeza vence a la alegría pero no a la vida.
Sé que la vida no es eterna pero también sé que se siente bien creyéndola así y sé más que nada que lo que no puede ser eterno puede llegar a ser inmortal, como Jim, como Bob, como John.